Cuando las adicciones y la salud mental van de la mano

Patología dual en adultos · Calatayud y online

A veces no es fácil saber qué está pasando.

Puede que consumas para sentirte mejor, para desconectar, para afrontar determinadas situaciones o porque cuando estás peor necesitas consumir más.

Y puede que, al mismo tiempo, estés pasando por ansiedad, tristeza, problemas de sueño, irritabilidad u otras dificultades emocionales.

Cuando el consumo y cómo te encuentras están relacionados, trabajar ambas partes puede ser importante.

Quizá te resulte familiar

Puede que alguna vez hayas pensado:

  • «Cuando estoy peor, consumo más.»
  • «Consumo para calmar la ansiedad.»
  • «Desde que consumo, me encuentro más irritable o triste.»
  • «No sé si estoy mal porque consumo o consumo porque estoy mal.»
  • «Cuando intento dejarlo, me encuentro todavía peor.»
  • «El alcohol me ayuda a desconectar, pero después estoy peor.»
  • «El cannabis me calma en el momento, pero mi ansiedad sigue ahí.»
  • «Con la cocaína puedo aguantar más, pero después me pasa factura.»
  • «Tengo problemas de ansiedad o depresión y también con el consumo.»
  • «No sé qué debería tratar primero.»

Si algo de esto te resulta familiar, no tienes por qué resolverlo todo antes de pedir ayuda.

¿Qué es la patología dual?

Hablamos de patología dual cuando una persona tiene un problema relacionado con el consumo de sustancias o una conducta adictiva y, al mismo tiempo, dificultades de salud mental.

Pero en la vida real no siempre es tan fácil separar una cosa de la otra.

La ansiedad puede llevarte a consumir.
El consumo puede empeorar la ansiedad.
Un periodo de tristeza puede hacer que aumente el consumo.
Y el propio consumo puede terminar afectando a cómo te sientes.

Por eso, más que preguntarnos únicamente «¿qué apareció primero?», es importante entender cómo se relacionan ambas cosas en tu caso.

El círculo consumo-malestar. Cuando una cosa alimenta a la otra

A veces se crea un círculo difícil de romper:

Me encuentro mal → consumo para sentirme mejor → durante un rato me ayuda → después estoy peor → vuelvo a consumir.

O puede ocurrir al revés:

Consumo → aparecen ansiedad, problemas de sueño o malestar → me encuentro peor → necesito consumir para volver a sentirme bien.

También puede ser más específico:

«Bebo porque estoy triste.»

«Consumo porque necesito desconectar.»

«Fumo cannabis para calmarme.»

«La cocaína me ayuda a funcionar cuando estoy agotado.»

«Cuando tengo ansiedad, necesito consumir.»

Entender este círculo es una parte importante del trabajo.

Porque si solo intentamos eliminar el consumo sin entender qué estaba intentando resolver, puede ser difícil encontrar otras formas de afrontar lo que hay detrás.

¿Qué apareció primero?

A veces la pregunta es:

«¿Estoy mal porque consumo o consumo porque estoy mal?»

Y no siempre existe una respuesta sencilla.

En algunas personas, el malestar psicológico estaba antes. En otras, determinados problemas aparecen o empeoran después del consumo. Y en otras, ambas cosas se han ido influyendo con el tiempo.

No necesitas saber cuál fue el origen para empezar a trabajar en ello.

Podemos empezar por entender qué está ocurriendo y encontrar juntos una forma de romper ese círculo.

Entender qué está pasando

Cuando el consumo y el malestar psicológico están relacionados, puede ser difícil saber por dónde empezar.

Por eso, en terapia podemos explorar:

  • qué ocurre antes y después de consumir;
  • qué situaciones hacen que aumenten las ganas;
  • qué emociones estás intentando gestionar;
  • qué efecto tiene el consumo en cómo te encuentras;
  • qué consecuencias está teniendo;
  • qué has intentado hacer hasta ahora;
  • y qué necesitas cambiar.

No se trata de buscar culpables ni de decidir qué problema es más importante.

Se trata de entender cómo funciona todo el conjunto para poder empezar a hacer cambios.

¿Cómo podemos trabajarlo?

El objetivo no es trabajar el consumo por un lado y tu salud mental por otro como si fueran dos problemas completamente independientes.

Cuando están relacionados, podemos abordar ambas áreas conjuntamente.

Entender

Qué relación existe entre tu consumo, tu conducta y cómo te encuentras.

Regular

Aprender otras formas de afrontar ansiedad, tristeza, estrés o determinadas emociones.

Cambiar

Trabajar los hábitos, situaciones y pensamientos que mantienen el consumo.

Prevenir

Prepararte para situaciones de riesgo y reducir la posibilidad de volver a los patrones anteriores.

Y, sobre todo, encontrar estrategias que tengan sentido para tu vida real, no solamente sobre el papel.

¿Y si todavía no quiero dejarlo?

Puede que sepas que el consumo está afectándote, pero que todavía no quieras dejarlo.

O que tengas miedo de cómo te vas a sentir si lo haces.

O que pienses que consumir es lo único que ahora mismo te ayuda a afrontar determinadas situaciones.

Eso también se puede trabajar.

No necesitas llegar a terapia completamente decidido.

Podemos empezar por entender qué te está aportando el consumo, qué consecuencias está teniendo y qué quieres para ti.

No tienes que tenerlo claro para empezar.

Sin juicios y sin soluciones prefabricadas

No parto de la idea de que haya una única forma correcta de afrontar lo que te está pasando.

Primero necesitamos entender tu situación, tu historia y el papel que está teniendo el consumo o la conducta en tu vida.

A partir de ahí, iremos viendo qué necesitas y qué cambios pueden ayudarte.

Sin juicios. Sin etiquetas innecesarias. Y paso a paso.

No hace falta esperar a estar peor

Quizá llevas tiempo intentando controlar el consumo por tu cuenta.

Quizá notas que tu estado de ánimo ha cambiado.

Quizá cada vez necesitas más consumir para sentirte bien.

Quizá las personas de tu alrededor empiezan a preocuparse.

O simplemente tienes la sensación de que algo no está funcionando como debería.

No necesitas esperar a que todo empeore para pedir ayuda.

Entender lo que está pasando también es una forma de empezar a cambiar.

¿Hablamos?

Si sientes que el consumo y cómo te encuentras emocionalmente están relacionados, podemos empezar por hablarlo.

No necesitas saber exactamente qué te pasa ni tener decidido qué quieres hacer.

Cuéntame qué está ocurriendo y vemos juntos por dónde empezar.